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Spanking

Con singular alegría...

Con singular alegría... Pues por fin estoy aquí... no fue tan difícil, así es que empezaré a escrbir con singular alegría de mis más bajas pasiones (jaaaaa!) Cuando nos leemos entre amigos es sorprendente encontrar la cantidad de similitudes, aderezadas deliciosamente con diferencias y especificidades de cada quien. Los he leído a todos y no sé si tenga algo novedoso que agregar, pero creo que siempre es sabroso recordar aquellos años en que mi afición por las nalgadas aún estaba prudente y minuciosamente oculta con el silencio. La clandestinidad le daba un sabor diferente, se me ocurre que es como cuando te fumas un cigarro a escondidas de las maestras, oculta en el baño de la escuela; por alguna extraña razón ese cigarro sabe mucho mejor que ningún otro. Es cierto que en esa época la afición era tan sólo fantasía inalcanzable y por lo tanto podía resultar frustrante, pero también es cierto que soñar despierta resultaba doblemente excitante. Mi afición comenzó siendo una niña, aún no era consciente de su trasfondo erótico, pero igual me deleitaba fantaseando: inventaba personajes o me los robaba de los libros y de las películas, para transformarlos en spankers (yo siempre era la spankee, aunque en ese tiempo ni siquiera conocía el término). Mis maestros de la escuela también hacían un buen spanker en mis fantasías, un tío especialmente gruñón me encantaba para desempeñar el papel, mis padres, eso sí, estaban fuera del juego, los veía demasiado reales y entrañables para involucrarlos, aunque he de confesar que siempre los estaba "toreando" a ver si se animaban a darme una buena tunda... razones siempre había. En ese tiempo, además de soñar, me gustaba escribir y hasta dibujar mis sueños en relato e historietas. Incluso, llevaba un diario de mi "vida paralela", es decir, un diario de la niña que no era pero con la que soñaba. Mis fantasías se extendieron a lo largo de muchos años, hasta que, en la adolescencia comenzaron a tener toquecillos eróticos y, después, abiertamente sexuales. Sin embargo, y aun con lo delicioso que resultaba, el asunto me avergonzaba, me hacía sentir como si fuera un ser extraño digno de psicoanálisis, y por ello seguía manteniéndolo en secreto. Fue difícil sacarlo del clóset, mucho más difícil hablarlo con mi pareja... pero eso es tema de otra participación y la dejo para otro día.
Saludos a todos.
Yo, la número uno (modesta, la niña ¿no?)

2 comentarios

Jano -

Mucho antes de conocer los grupos de spanking,--23 años
aprox.--, ya ejercía de spanker con mi amiga. No conocía la dimensión y número
de adeptos a las azotainas eróticas. Sin embargo, a pesar
de creerme ( o creernos, ella
y yo) únicos con ésta afición,
jamás pensé que fuera una aberración, parafilia o cualquier otro nombre que se le dé.Disfrutabamos como locos
casi a diario. Jamás tuve, -ella sí, a veces--, cargo de conciencia o malas vibraciones al respecto: nada de sentimiento de culpa.
Me alegré saber que alrededor de mí, de nosotros, había un
sin fín de personas con el mismo gusto. Hay quien no lo comprende; así es la vida. Cada uno con sus aficiones sin hacer daño a nadie y todas respetables.
(Acabo de incorporarme a éste grupo y me alegro: lo considero muy interesante.
Saludos y spk otk para todas
de, JANO.

Sr. Diez -

¡Delicioso relato de la niña nº 1!
Me recuerda que el spanking, en muchos de nosotros, se remonta al fabuloso mundo de la ensoñación infantil. Yo, de una forma nebulosa recuerdo ensueños en los que yo salvaba de algún peligro a una niña de mi colegio, ella era la más presumida de todas, y por lo visto ese peligro en que, llamémosla Alicia, incurría era gratuito siendo su actitud temeraria. Yo debía poner las cosas en su sitio... o sea mi mano nalgueando el culete de Alicia. Había una variante que era que una profesora la castigaba delante mío y yo luego la consolaba, pero esta era la versión hipócrita pues para mi era un tremendo deleite ver el espectáculo de la arrogante Alicia castigada sobre las rodillas de la profesora...