Spanking |
![]() |
|
Blog para los amantes de las refinadas prácticas de azotes eróticos libremente consentidos entre adultos. Hay más artículos en los archivos. Estamos totalmente en contra de cualquier forma de castigo físico, explotación o maltrato a menores de edad.www.azotesynalgadas.blogspot.com
Temas
EnlacesBlogsVarios, otros, diversosBlogs asociados |
Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005. 04/05/2005Blancas, 100% algodón Autor Señor DiezLos azotes son más excitantes en tanto y en cuanto hay más juego y más ritual, algunas veces esto no es cierto y la improvisación de los “azotes viscerales”, como dice una buena amiga mía puede ser muy excitante, pero no hay duda que una escena lenta y muy litúrgica da mucho juego. Hay algunos elementos, aparentemente secundarios, que hacen de una sesión de azotes un episodio especialmente excitante. Uno de estos elementos es la ropa interior de la spankee. Parte de la lujuria del spanking está en toda la preparación, cuando aún no ha comenzado el castigo propiamente dicho y se está en la fase que éste es inminente e inevitable. En ese momento como spanker sabes que vas a descubrir a la spankee. Ese descubrimiento comprende un momento muy especial y poderosamente excitante para mí, ese momento es levantar la falda o bajar los pantalones de la spankee, siempre mejor lo primero que lo segundo, y ver sus braguitas. Para mi gusto las braguitas de la spankee han de ser blancas, de algodón, ni grandes ni pequeñas. Simple tejido de punto de algodón, si forma estrías, tanto mejor. Detesto hallar un tanga; en ese caso el único aliciente que puede tener el toparme con esta prenda es que me enfurece que la spankee sea tan descocada y provocativa con lo que acumulo enfado para administrarle mi castigo que se hace más intenso si cabe. Otra cosa que detesto es encontrarme un panty, esa prenda antierótica. Las spankees solo deberían vestir medias, no digo que utilicen ligueros sino esos prácticos modelos con ajustes de silicona y microfibra. Pero el colmo de la antilujuria es la falda-pantalón. En una spankee es algo que la descalifica de inmediato, mi recomendación a toda spankee que se precie es “corre a tu armario y si tienes una falda-pantalón quémala de inmediato”. Estoy seguro que si una mujer tiene una falda-pantalón es muy probable que se la haya regalado la amante de su marido o de su novio o bien su cuñada. He observado que mi gusto por la braguita, pantaleta, bombacha o calzón blanco no es exclusiva mía ¡qué va! Si es que soy muy normalito y en todas las fotos de spanking es la prenda que predomina... La braguita blanca, si es de canalé mejor aún, es cierto que tiene una connotación infantil, escolar e inocente que contrasta con todo lo que va a ocurrir entre spanker y spankee. Sin embargo una audaz prenda de lencería de encaje natural o bien de satín descafeinaría la tensión del momento. Si la spankee la lleva, seguramente no hay más remedio que aceptarlo, pero si puedo expresar mis preferencias siempre me inclinaré por la humilde braguita de algodón 100%. 04/05/2005 20:27 Enlace de este artículo (pincha o copialo). Tema: Humor Nueve semanas y media Autora Señorita OchoMe permito poner en este fantástico tema que Granuja (aprieta aquí para ver el artículo) ha sacado a relucir mi "granito de arena", que obviamente no es mío, sino de Elizabeth Mc. Neill, autora de "Nueve semanas y media". Fragmento de dicha novela: - Esta noche todo el mundo está de humor charlatán, menos yo – dice el hombre –. Desnúdame. Y tómate tu tiempo esta noche, tenemos mucho tiempo. Esta puede aprender unas cuantas cosas de una profesional. Ven aquí, siéntate, mira. Tienes mucho que aprender. Estoy clavada al desgastado suelo del umbral al cuarto de baño. Ella ha empezado a desnudarle – yo nunca le he desabrochado ni un botón de la camisa – despreocupada y eficazmente, una madre que desnuda a su pequeño para bañarle, cuando el niño está demasiado cansado de un día al aire libre para hacer otra cosa que quedarse quieto y de pie, y la madre está impaciente por quitarle la ropa sucia, meterle en el agua, ponerle el pijama y acostarle. Cuando está tumbado de espaldas, dice – no mirándome a mí, sino a la mujer que está de pie a su lado: - Mueve el culo hasta aquí y siéntate en esa silla, si no quieres que vaya a buscarte. Cruzo en trance la habitación y me siento. Aún en trance, la veo trepar a la cama torcida, y en trance la veo arrodillarse entre sus piernas. No puedo evitar temblar, aunque aprieto una pierna contra otra, los codos contra las rodillas, los nudillos contra los dientes superiores. Su falda sobresale rígida, exponiendo el triángulo negro de sus bragas y su trasero. Durante unos segundos, sólo puedo pensar en lo inmaculado de su piel, mientras mi mente comenta, objetiva y cortésmente sorprendida, cuán graciosa colección de formas se acumula en tan grandes nalgas; la peluca, cuyos pomposos cabellos rubios caen ahora hacia atrás, amontonados entre los omóplatos, se cierne sobre el lugar de encuentro de las piernas del hombre. Al principio, sólo se oyen ruidos de succión; después, el hombre respira hondo y emite un gemido. Es un sonido que conozco bien. Es un sonido que había imaginado me pertenecía – ¿en base a qué?, me pregunto, ¿en base a qué?, que sólo mi boca podía hacer audible, que valía tanto como un billete de lotería premiado, un ascenso, todo mi talento y capacidad… Mis puños están grises y resbaladizos, aún untados de restos de maquillaje. Su mano está entre sus piernas, su cabeza se desplaza verticalmente, con movimientos largos y lentos. - Así… – susurra él –. ¡Dios! Ahora tengo en el puño una estopa de acero amarillo, todo el nido cede cuando tiro, lo lanzo hacia atrás por encima del hombro, mis dos manos se abalanzan sobre su pelo, suave, castaño claro con abundantes hebras grises. - ¿Qué demonios…? Se levanta; después, cuerpos emborronados, y entonces él se sienta al borde de la cama. Estoy doblada sobre su muslo izquierdo, tiene la pierna derecha apoyada en mis corvas, la mano izquierda cerrada sobre mis muñecas aplastadas contra el nacimiento de mi espalda. Aparta el crepitante vinilo y dice: - Pásame el cinturón. Mete los dedos entre la goma y la piel y me baja las bragas de áspero dobladillo hasta el nacimiento de los muslos. Rechino los dientes, ciega de terror y de una furia desconocida para mí. No, no, puede pegarme hasta la eternidad, no emitiré el menor sonido… Veo, de pronto, a una profesora de segundo grado, diciendo a un alumno – un niño hosco, mayor y más alto que el resto –, cuando se le caía un lápiz, y a menudo cuando no había pasado nada en absoluto: “Tu padre debería cruzarte sobre sus piernas, bajarte los pantalones y darte lo que mereces”. Dicho con voz ligera, ominoso como una pesadilla en su misma dulzura; una vez por semana, una nerviosa ola de risitas atravesando una habitación silenciosa, veintiocho niños de siete años inclinando la cabeza sobre el pupitre con una vergüenza para ellos tan inexplicable como penetrante. No he pensado en esta profesora ni en la proximidad de húmedos pantanos que conjuraba desde que me encomendaron a los cuidados de la antipática Miss Lindlay, en tercer grado. Y aquí está, resucitada, liberada, vil: más degradante que cualquier cosa que me hayan hecho hasta ahora; la obligada intimidad carne a carne es mucho peor que estar atada a una cama, que encogerse en el suelo; las esposas y las cadenas son una gracia de Dios comparadas con estar colgada, como si estuvieran sirviendo mis nalgas, la sangre barboteando en mis oídos… Como es natural, termino por gritar. Se detiene, pero sin soltarme. La fresca palma de una mano acaricia suavemente mi piel, unos dedos trazan líneas de aquí para allá; una mano plana se mueve con delicadeza por mis muslos abajo, hasta donde éstos están sujetos por sus piernas, sigue hacia arriba entre los muslos, desde las rodillas, baja y asciende otra vez, lentamente. - Dame esa vaselina que traías – dice – y sujétale las manos. Me están separando las nalgas, siento la presión de su dedo en el ano, una mano entre las piernas, un dedo resbaladizo deslizándose fácilmente en su lugar entre labios cerrados. Tenso todos los músculos. Me concentro en espirales amarillas que giran sobre fondo negro en el interior de mis párpados apretados, rechino los dientes, me hundo las uñas en la palma de las manos, más frenética ahora que cuando empezó a pegarme: no puedo soportarlo, así no, por favor no me dejes… Mi cuerpo empieza a moverse bajo la lenta presión que me obliga a arquearme contra él, y no tarda en contorsionarse codiciosamente sobre su mano. - Crees que sabes lo que quieres, querida – dice su voz a mi oído, muy baja, casi en un susurro –, pero haces lo que quiere tu coño, siempre. Me golpea brutalmente. - Haz que se calle – dice, y me tapa la boca con una mano perfumada, que muerdo con todas mis fuerzas; luego, me meten el foulard entre los dientes, y alguien, que respira pesadamente a mi derecha, lo sujeta en su sitio. Mi boca es liberada una vez más, y sus manos me acarician hasta que mi cuerpo sucumbe, esta vez mucho más aprisa. - Por favor, no puedo soportarlo, por favor, haz que me corra – lo que, tras un nuevo golpe, se convierte en una sola palabra: - Por favor… Siento mi cuerpo empujado encima de la cama, oigo mis sollozos bajo la almohada, apagados y distintas hasta para mí misma, noto una lengua en mi cuerpo; la almohada fuera, su rostro cuelga sobre el mío, pero la lengua sigue allí, abajo, y no tarda en hacerme gemir; mi cabeza en su hombro cuando se tumba cuan largo es a mi lado, su brazo me rodea apretadamente, sus dedos en mi boca; ella lo monta y lo cabalga. Ella y yo nos miramos muy cerca mientras él se corre. Señorita ocho 04/05/2005 21:30 Enlace de este artículo (pincha o copialo). Tema: Azotes 14/05/2005Azotes entre chicas Autor: Señor Diez Artículo dedicado con cariño a Mayte, Merce, Pili, Rosario, Sevi y otras muchas amigas He tenido, en más de una ocasión, el indudable privilegio de asistir a una sesión de azotes entre chicas tanto con “juegos florales” posteriores como sin ellos. He participado en algunas ocasiones, en otras he sido un simple testigo ocular y, algunas veces, lo confieso, he incitado yo mismo a las chicas. Hay varios aspectos que me llaman la atención de los juegos de spanking entre chicas. Obviamente, como hombre, no escapo el tener grabada a fuego en mi imaginario una fuerte filia hacia toda escena erótica entre mujeres. Cuando una chica castiga a otra, puedo asegurarlo por experiencia propia, nos encontramos frente a una de las escenas más erótica posible. Pero más allá de esta fijación masculina ¿qué tienen de especial los azotes entre chicas? ¿Por qué representan una parte muy importante de toda la iconografía spankera de la red? También ocupa un papel muy importante en los relatos publicados en la red. La respuesta no es sencilla y, obviamente, sólo seré capaz de dar mi opinión basada únicamente en mi experiencia y lo que me han comentado otras personas. Hay algunas cosas del ritual de los azotes eróticos que parecen funcionar diferente entre dos chicas que entre un hombre y una mujer. Si en el spanking hay una parte que castiga y otra que es castigada se precisa, para que todo salga a pedir de boca, dos actitudes básicas, que la parte castigadora sea inflexible y que la parte castigada acepte – de una u otra forma – su merecido castigo. Cuando es un hombre el que castiga, la chica intenta utilizar un sinfín de argucias femeninas que en un 99,99% de los casos consiguen el éxito y tiene un efecto u otro sobre la conducta punitiva del spanker. Normalmente lo que consigue es “ablandarlo”. Ese despliegue de seducción de la spankee en apuros, que está integrado por trucos femeninos tan bien calculados, no surte el mismo efecto sobre una mujer spanker; es más, incluso puede resultar contraproducente. En muchos casos a la spankee ni se le ocurre hacer ninguna tontería que pudiese complicar, aún más, su posición ya de por sí muy comprometida. La spanker está blindada contra los trucos de la spankee, los ve venir, los anticipa y se puede enfurecer si ve que le intentan manipular. Se dice que la mejor cuña es la de la propia madera y en las palmadas entre damas esto es un hecho. Todo el ritual tiene algo de más serio, menos juguetón, más estricto y más eficiente. En resumen, el desarrollo del castigo es menos disperso, funcionan menos las estratagemas de la spankee y se cumple el objetivo en la forma y en el fondo. En cuanto a la spanker mujer, sin caer en generalizaciones que convierten a las personas en estereotipos vacíos, mi sensación es que ella, cuando ha de azotar a una persona de su mismo sexo, se toma la tarea mucho más en serio que el spanker varón, es más concienzuda, más escrupulosa y –esto es muy importante- más cuidadosa con la graduación del dolor. Lo último es fundamental ya que permite azotes más prolongados en el tiempo, más persistentes. Muchas veces el spanker varón controla menos su fuerza física y se deja llevar más por sus instintos básicos. Sería muy largo e incluso discutible intentar fundamentar estos hechos, pero la observación empírica los constata y corrobora perfectamente. El calado erótico de la azotaina entre chicas es extraordinario, de alguna forma la frontera heterosexual-homosexual es más difusa entre mujeres y esto permite que dar el salto a una relación sexual o a algunos juegos con claro contenido sexual no sea tan complicado. Algunas de las teóricas feministas más serias han expresado en muchos de sus ensayos que la sociedad patriarcal ha negado la sexualidad a las mujeres, por eso dos chicas pueden darse un beso al saludarse, ir juntas al baño, decirse piropos, tocarse en un entorno social, ir tomadas de la mano e incluso dormir juntas sin que nadie haga ningún comentario; según las autoras que han analizado este fenómeno, la reacción social consiste en una negación de la sexualidad femenina, si las mujeres no tienen una sexualidad propia, según el discurso de la sexualidad patriarcal y falocéntrica, las mujeres juntas no harán nada más que lo que se ve en superficie. Sin embargo, hay que darles la razón a esas feministas teóricas tan serias ya que la sexualidad femenina no solo es diferente que la masculina, sino que me atrevería a calificar como más poderosa. Una mujer es capaz de gozar de mil y una manera, es capaz de erotizar su cuerpo y es capaz de ser multiorgásmica. Sin duda alguna la sexualidad del hombre es activa, enérgica, pero tiene su fin en la orgasmo, justo cuando comienza la femenina. Evidentemente en la cuestión de las relaciones del mismo sexo, el reverso, en el mundo masculino, las cosas cambian ya que dos chicos que tengan que compartir, por ejemplo, cama por no haber suficientes en un apartamento de una estación de esquí, son objeto de todo tipo de bromas maliciosas e incluso burlas. Por otra parte para los hombres la homosexualidad es una frontera bien delimitada y que requiere una gran determinación para su traspaso que, además, tiene tintes de irreversibilidad. De hecho en muchas situaciones hay una gran asimetría entre los comportamientos entre ambos sexos. En el mundo del porno nunca falta el juego entre chicas. Y si vamos a cualquier club liberal de intercambio de parejas lo que ocurre en la pista oscura es que hombres y mujeres que no son previamente pareja inician sus juegos sexuales y también las mujeres juegan entre si; es más muchas veces son las que inician el encuentro, pero nunca los hombres juegan entre si. En los pequeños anuncios eróticos por cada anuncio clasificado en que una pareja pide un chico para sus juegos en trío, veinte piden una chica. Con lo cual el traspaso de esa frontera es menos traumático y menos irreversible en mujeres que en hombres. Muchas mujeres, según una gran y querida amiga mía, son “heteroflexibles”, es decir heterosexuales capaces de jugar con otra chica si las circunstancias son las adecuadas y les resulta apetecible. Hay una forma de comprobar que esa flexibilidad es muy poco traumática que no es otra que la observación posterior de ambas jugadoras. Lo que suele ocurrir es que si existía ya una amistad, esta se reafirma, pero los comportamientos incorporan una naturalidad enorme a la hora de volver a los roles respectivos de la vida diaria. Lo que se podría decir es que “aquí no ha pasado nada”. Todo ello da como resultado que el sexo que puede ocurrir entre chicas, después de una larga sesión de azotes, puede ser de inenarrable potencia volcánica. Verdaderos y prolongados incendios sexuales vienen después de un juego de azotes entre amigas. Otra de las características femeninas es que su sensualidad no solo está centrada en sus genitales sino que está repartida en otras zonas del cuerpo muy capaces de goce. Las chicas saben muy bien cómo explotar esa cantera erótica en caso de otra chica. Por otra parte son muy persistentes y pacientes a lo hora de obtener un orgasmo que tarda en llegar. Puede no haber sexo de una forma directa al final de los azotes entre dos chicas, sin embargo siempre habrá una carga erótica de profundidad que nos hará temblar con su deflagración. Una dimensión muy especial es el de la fantasía. Muchas chicas spanko, ya sean spankers o spankees han soñado despiertas con la escena del castigo entre chicas, tal vez nunca pase de ser una fantasía que muchas veces es el rico combustible de auténticos orgasmos telúricos, pero muchas veces es el prólogo de una fantasía que se puede hacer realidad. Quiero recomendar el maravilloso artículo de Mayte sobre las deliciosas fantasías con su profesora que ounchando aquí se puede leer. También recomiendo un magnífico relato de Sevi llamado El Convento que si pinchas aquí lo puedes disfrutar. Por último, pero no menos importante, está el aspecto emocional del azote entre dos chicas y no por menos sutil es menos espectacular. La compenetración que puede llegar a establecerse entre dos chicas en una escena de spanking, es enorme. Muchas veces solo se puede apreciar en signos muy sutiles, como tonos de voz, palabras que quedan en el aire, súplicas o en los tiernos gestos de consuelo y reparación al final de los azotes. Las más de las veces son un refuerzo de la alta tensión sexual del final. Para mí el observar a dos chicas en una sesión de azotes seguida de sexo ha sido algo hipnótico, como cuando se mira el fuego o una puesta de sol. Puedo decir sin exagerar que, algo así como el éxtasis ha ocurrido en mi interior, una enorme paz llena todos mis confines mentales cuando contemplo una escena de este tipo. Incluso muchas veces he tenido la facultad de desaparecer estando allí, me explico, me he quedado dormido mientras ellas seguían jugando, porque no creo que la escena de dos mujeres requiera necesariamente un tercero en el juego. Tal vez, en ciertos momentos, todo lo contrario. Sé que muchas spankers y muchas spankees tienen la fantasía de jugar entre ellas, yo las animaría a hacerlo ya que puede ser una de las experiencias más bonitas de sus vidas. 14/05/2005 21:37 Enlace de este artículo (pincha o copialo). Tema: Azotes 17/05/2005La consumación de una relación virtual - Spankees novatas ¿Las spankees nacen o se hacen? Nacen, estoy convencida. En mi caso, era muuuuy pequeñita cuando, en las películas y telefilmes para todos los públicos de la época, salían, a veces, mujeres hermosísimas a las que hombres fornidos (cowboys, sheriffs, diversos guaperas del momento, etc...) les daban una buena tunda sobre sus rodillas en cualquier lugar, en público, y por cualquier tipo de motivos. Siempre tenía una sensación extraña, verdaderamente extraña, en una zona muy determinada de mi anatomía, sensación que yo definía como “cosquillitas”. No fue hasta muchos años después que me di cuenta de que esa sensación tenía un nombre... y un motivo.De ahí, dando un salto en el tiempo, pasé a Internet; messenger, chats, tablones, grupos... De ahí, a escribir relatos, participar, conocer gente, y hacer amigos... De ahí, a tener sesiones de spank virtual, con varios spankers amigos (o amigos spankers). ¿Y de ahí? Veo cada vez más cercana la posibilidad de conocer a un spanker real (y con experiencia, algo fundamental para mí), alguien amigo a quien conocí a través de la web. Y eso me hace pensar en muchas cosas. Ya me planteé, en su momento, el grado de confianza necesario para llegar a un encuentro físico. Y ese grado se ha alcanzado. Ya se me ocurrió, en su día, la necesidad de hablarle, poco a poco y sin tapujos, de mis fantasías, mis deseos, mi sexualidad y mi hambre de... ¿dolor? Y esa necesidad ha sido cubierta. Sin embargo... Hay cosas que siguen sin estar del todo claras: ¿Cómo se enfoca ese primer encuentro? ¿Cómo se pide (o se da)? ¿Qué se hace con los nervios? ¿Es posible que se pase? ¿O que no llegue? ¿Se puede perder la magia del rol en pro de una mejor comunicación? ¿Se debe dejar todo hablado con anterioridad, para no romper dicha magia? ¿Ha de estar planeado con antelación? ¿Es mejor no tener ningún tipo de planes, y ver qué depara la noche (o el día)? ¿Qué ocurre si en el último momento la spankee se da cuenta de que no está preparada? ¿Terminaría eso con la relación spanko? ¿Y con la confianza depositada por el spanker? ¿Cómo sabes que no te echarás atrás? ¿Qué debe ser hablado? ¿Qué debe dejarse a la decisión y buen juicio de quien más sabe del tema? ¿Es mejor con sexo? ¿O mejor sin sexo? ¿Cuál es la situación idónea para que la fantasía se haga finalmente realidad? ¿Es realmente un salto más cualitativo que cuantitativo? ¿O todo lo contrario? Asumo que todas estas dudas no son muy importantes (ni muy graves); de hecho, no me echaría atrás llegado el momento (creo que esa es la razón verdadera del tiempo que he tardado en decidirme) ni dudo de la persona en cuestión, pero sé que muchos de los que estáis ahí habéis pasado por esto en algún momento, y ya que sois las únicas personas con las que hablo de estos asuntos, me gustaría que opináseis al respecto (sobre todo las/os spankees, aunque asumo que en ese tipo de situaciones nos arriesgamos los de los dos “bandos”, ¿no?)... SpankeeNovata 17/05/2005 10:49 Enlace de este artículo (pincha o copialo). Tema: Azotes 21/05/2005LA SPANKEE / SPANKERVaya por delante que no me gustan los cartelitos o San Benitos, no son más que clichés que emparedan a las personas en los tabúes de otros, pero en esta ocasión tendré que adjudicarme algunos para poder explicarme. Soy spankee perdida, de nacimiento y convencimiento y este es el único San Benito en el que me siento cómoda. No soy switch, no me pone en absoluto imaginar que azoto a mi spanker, rompería el encanto de una situación deliciosa que es que me azote él a mí. Respeto mucho a quien sí lo es y lo disfruta pero para mi el juego se basa en una posición de autoridad que es la que ocupa el spanker y una de rebelión/sumisión que es la que ocupo yo. En otra ocasión escribiré sobre este tema… Soy heterosexual, o sea, me gustan los hombres, mucho, pero resulta que en alguna ocasión he participado muy activamente en lo que Don Diez ha denominado como Juegos Florales entre chicas. Seguramente esto me convierte, para los aficionados a los clichés, en bisexual o heteroblexible o en alguna otra cosa pero yo sigo pensando que soy heterosexual aunque no me preocupa ni lo más mínimo no serlo. Mis sueños de spankee, los de la infancia y juventud, casi siempre rondaban entre los entresijos escolares. Mis castigos siempre eran aplicados por las monjas de mi colegio, mis profesoras, directora, etc. Seguramente en ello habrá influido el asistir a un colegio sólo para niñas, la figura masculina escaseaba bastante y los representantes de dicho sexo no tenían una presencia muy spanka que digamos. En el momento del salto al spanking real (ya sabéis, internet, messenger, etc.) mis fantasías comenzaron a poblarse de spankers iracundos, varones de férreos principios y severa disciplina. Junto con estos caballeros tan simpáticos, llegaron otro tipo de fantasías, sexuales por supuesto, que no estamos hablando de política. Junto a la fantasía y dentro de los plazos reglamentarios (charlas, gustos, límites, confianza, etc.) llegó la sesión real y el sexo real. Con el correr de las experiencias reales llegó una nueva, el juego a tres, era una propuesta del spanker, por suerte, conocía a la tercera persona, era otra spankee, más jovencita que yo y muy necesitada de disciplina. En nuestro primer encuentro todo fue más o menos fluido, cada una recibió su castigo por separado, yo no acababa de estar cómoda pero tampoco me resultó violento, en un determinado momento hasta me dejé llevar, me olvidé de tonterías y lo disfruté encantada. Parte del éxito residía en la confianza en el spanker, él llevaba la batuta y sabía cómo hacerlo y otra parte en la suavidad, cariño y tranquilidad de la otra spankee, cómodo, fácil y natural. (Si me lee algún vainilla se estará haciendo cruces, Natural: Tres personas, una cama, azotes, dos mujeres teniendo sexo, jajajaj). Al día siguiente ocurrió algo, me desperté con el gen spanker que no sabía que tenía, completamente exaltado, la otra spankee provocó que ocurriese y el caso es que al cabo de muy poco tiempo, estaba sobre mis rodillas y recibiendo una soberana paliza. El ser spankee hace que sepas qué es lo que le puede gustar a otra, el tono al reñir, la intensidad de los azotes (ni mucha, ni poca, ni todo lo contrario), la cantidad, las caricias. Me parecía que lo estaba disfrutando y eso me hacía disfrutar a mi, una azotaina gloriosa, a mano, cepillo y cinturón, larga y contundente. El spanker que al principio estaba sorprendido, dejó pasar la sorpresa y comenzó a participar en el castigo, éramos dos spankers pero yo sabía que la alianza no duraría demasiado y que acabaría en sus rodillas en poco tiempo. Al acabar el castigo llegó el momento del consuelo, los tabúes ya se habían quedado atrás la noche anterior así que sin prisas y sin barreras tuvimos un “sexo a tres” formidable, entre nosotras, entre ellos, entre nosotros, tal y como contaba Mr.Diez en su artículo, el spanker se quedo dormido mientras nosotras seguíamos con los Juegos Florales y yo descubrí que el sexo con otra mujer es una experiencia deliciosa, más deliciosa por compartir una fantasía y más deliciosa aún por poder compartirla con dos personas a la vez. Desde entonces hasta ahora, esta experiencia se ha repetido y claro, con la práctica cada vez sale mejor, cierto es que las personas en juego son muy importantes, no creo que fuese igual con cualquiera pero os lo recomiendo y mucho. A las spankees, a los spankers y todo el que no tenga problemas con las cosas nuevas. Gracias desde aquí a mis compañeros de correrías, la vida resulta mucho más divertida y estimulante aderezada con estos juegos y con ellos. 21/05/2005 23:38 Enlace de este artículo (pincha o copialo). Tema: Azotes 25/05/2005RuidosComo insonorizar el piso no esta al alcance de cualquiera y seguro que no queremos sufrir esos encuentros con nuestros queridos vecinos, lo mas lógico es buscar otras alternativas, una de ellas es subir el volumen de la tele, buffffffffffffff, a mi personalmente, viendo la programación que al menos en España tenemos que sufrir, con cosas como el tomate, salsa rosa y demás zarandajas por el estilo, como que no me atrae mucho la idea de tener a mi pareja sobre mis rodillas escuchando es tipo de programas, sinceramente no me seduce nada en absoluto. Otra y en mi caso es la que mas me atrae, es poner música, hummmmmmm, y ahora llega otro dilema, ¿de que tipo?. Si pones canciones lentas y melodiosas, al final creo que terminaría optando por poner de pie a mi pareja y bailar con ella en vez de tener la sesión que pretendía, con el consiguiente riesgo que tu pareja te tilde de vainilla. Si optamos por algo mas fuerte, como el heavi, rock, rap etc. Igual nosotros no tengamos muchos problemas, pero nuestra pobre spankee creo q se encontraría en muy serios apuros, dado que al menos a mi el rap por ejemplo me pone de muy mala leche, creo que el pobre trasero de nuestra spankee iba a recibir por la reprimenda y otro añadido por el contagioso y peligroso ritmo de este tipo de música. Así que yo personalmente voto por el reggaeton, os imagináis estar disfrutando de una buena sesión spank, al ritmo de… dale… dale don dale… o de baila morena baila morena, je, creo que este tipo de música esta creada para esto, el que la invento tiene que ser spanko. ¿Que método utilizáis vosotros? Un saludo a tod@s trece 25/05/2005 09:46 Enlace de este artículo (pincha o copialo). Tema: Humor |
| http://spanking.blogia.com |